miércoles, 12 de octubre de 2022

LECTURAS RECOMENDADAS


-SACKS, O. (1998) El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Bercelona: Muchnik Editores.


-DAVIS, F. (2010) La comunicación no verbal: Alianza Editorial


-ARIELY, DAN. (2008) Las trampas del deseo. Barcelona: Editorial Ariel

lunes, 3 de octubre de 2022

TEMA2. LA PSICOLOGÍA DE LA MENTE: EL PSICOANÁLISIS

 

1.INTRODUCCIÓN

2.LA ESTRUCTURA DE LA MENTE

2.1.EL ELLO

2.2.EL SUPERYO

2.3.EL YO

3.LA FORMACIÓN DE LA MENTE

4.REPRESIÓN Y DEFENSA

5.LA NEUROSIS

5.1.CAUSAS Y SINTOMATOLOGÍA GENERAL

5.2.TIPOS DE NEUROSIS

6.METODOS CURATIVOS

6.1.LA HIPNOSIS

6.2.ASOCIACIÓN LIBRE

6.3.INTERPRETACIÓN DE LOS SUEÑOS

7.PSICOANÁLISIS Y CULTURURA



1.INTRODUCCIÓN

Se considera a Wilhelm Wundt (1832-1922) el padre de la sicología científica. Wundt afirmaba que el objeto de la psicología era la mente e identificaba la mente con la conciencia, todo aquello de lo que nos damos cuenta íntimamente y de lo que somos responsables. Fue también el primero que utilizó el método de la introspección o mirada interior para analizar nuestra propia mente (este método iba unido a una cierta parafernalia matemática que venía a garantizar su cientificidad). La tesis de la psicología de Wundt que a nosotros nos interesa ahora resaltar es la siguiente: nuestra conducta está regida por nuestra conciencia. Podemos pues dar razón incluso lógica que explique nuestro comportamiento. Una persona está encerrada durante cinco horas estudiando (conducta), la causa es el deseo cosciente de aprobar un examen (contenido mental cosciente). Es cierto que existen otras conductas que no se pueden explicar desde la conciencia; el olvido de una palabra en un discurso, el sustituir una palabra por otra, el realizar un acto no deseado como tirar el café en el pantalón nuevo del jefe. Estos actos se deben al mero azar y la causa no es mental sino factores externos, puede que me haya equivocado por cansancio. porque el músculo de la boca no me funciona bien, etc.

Para Freud (1856-1939) el objeto de estudio de la sicología es también la mente, pero existe aquí una diferencia esencial. Wundt identificaba la mente con la conciencia. Freud considera que la mente se puede entender como un habitáculo o espacio dividido en dos partes, una abierta al exterior, la conciencia propiamente dicha, y otra hermética como un sótano o desván, el inconsciente. El inconsciente del individuo está constituido por los instintos, deseos, miedos y vivencias pasadas, dolorosas o inadmisibles, reprimidas, encerrados en nuestra mente, y de las que el sujeto no es cosciente. Estos contenidos tienen prohibido el paso a la conciencia y sólo a veces pueden atravesar el límite de forma disfrazada como en los sueños. La mente es como un iceberg donde lo que aparece es la conciencia, una mínima parte de la mente, y lo oculto es el inconsciente, la parte mayor y la más profunda. Muchos actos son producidos por la conciencia como decía Wundt, pero muchos otros, los que desde la perspectiva de Wundt son meros errores o accidentes extramentales, Freud los explica a partir del inconsciente. A veces olvidamos una palabra precisamente porque la asociamos a algo desagradable, nos equivocamos en una frase para expresar un deseo inconsciente, tiramos el café en los pantalones del jefe por un deseo inconsciente de venganza , etc. Para Freud no existen casualidades en nuestros actos. Todos ellos tienen una explicación mental cosciente o inconsciente.


2.LA ESTRUCTURA DE LA MENTE

2.1.EL ELLO

Una parte fundamental de la mente es lo que Freud llama el ello. El ello es una especie de niño mal criado que todos poseemos en nuestro interior. Se rige por el principio del placer inmediato. ¿Cómo actúan los niños? Si un niño tiene sed, hambre o quiere un juguete de su hermano lo toma sin más. Y si no puede porque se lo prohiben, chillará, llorará o luchará por conseguirlo sin atender a razones. El ello no atiende nunca a razones sólo a deseos. El deseo no es más que la manifestación de la energía psíquica que Freud llama pulsión o instinto. Esta pulsión es lo que posibilita la vida y el desarrollo del ser humano. Es al hombre lo que la gasolina al automóvil. Freud elaboró dos teorías sobre la naturaleza de esta energía que aparece en forma de deseo. En un primer momento Freud consideró que el deseo se manifiesta en el ello de dos formas distintas: la libido y la conservación del yo.

La libido es para Freud el deseo sexual y tiene, desde un punto de vista evolutivo-biológico, el fin de perpetuar la especie. Adelantamos que lo sexual en Freud no es lo estrictamente genital sino que tiene un sentido más amplio. El deseo de conservación del yo (hambre, sed, etc.) tiene el fin biológico de mantener vivo al individuo. Ambos deseos se rigen por el principio del placer. Esto es, que el ello busca el placer ciego e inmediato aunque en esta búsqueda se realice algo “bueno” para la especie o el individuo.

Más adelante Freud modifica esta teoría de las pulsiones y clasificó el deseo del ello en dos grupos distintos: eros y tanatos. Dentro del eros Freud sitúa la libido y las energías de conservación del yo. El eros es considerada como la energía creativa del individuo. Todo individuo tiene una tendencia al orden y a la creación en su conducta. Tanatos representa ahora un nuevo tipo de deseos del ello que antes no aparecía: los deseos de destrucción y muerte también presentes en la naturaleza humana. Muchas conductas humanas no se explicarían adecuadamente si no admitiéramos esta pulsión. Es obvio que Nerón debió experimentar un cierto placer al quemar Roma.


2.2.El SUPERYO

El superyo es una especie de cura moralista que todos tenemos en nuestro interior. El superyo no se guía por el deseo sino por la razón, la reflexión y el deber moral. El superyo considera que hay cosas que no se pueden conseguir de forma inmediata sino que hay que plantear una estrategia. Otras cosas sencillamente no se deben realizar a pesar de ser deseadas en principio, porque no son buenas o convenientes: matar al primero que nos contradiga o nos inoportune es sin más inadmisible.

El superyo aparece en la mente con dos caras distintas. A veces aparece como el ideal a seguir mostrándose al yo como un modelo perfecto. Otras veces aparece como un implacable juez que castiga al yo con el sentido íntimo de culpa si éste no cumple sus exigencias.

2.3.EL YO

El ello y el superyo, el placer inmediato y la reflexión como principio de acción, no se llevan muy bien. El niño mal criado y el cura moralista y estricto están en una continua tensión debido a que deben habitar la misma casa. No obstante si nuestra mente estuviese dominada por una de las dos instancias; si la casa estuviese habitada sólo por uno de los dos personajes, nuestra vida psíquica no sería muy agradable. Estaríamos entonces instalados en una enfermedad mental. Sus posturas extremas no nos producen felicidad o salud mental. La situación no es muy alentadora: dos personajes con planteamientos extremos y opuestos se ven obligados a vivir bajo el mismo techo y a llevarse más o menos bien para que la casa se asemeje lo más posible a un verdadero hogar y no a un edificio frío y distante. De suerte que en la casa existe otro inquilino más moderado que los anteriores y que se hace amigo de los dos. El yo se puede entender como una instancia arbitral e intermedia que recibe continuamente las presiones de sus dos compañeros y amigos. Es evidente que el yo está en continua tensión. Si cada uno de nosotros viviese en una casa parecida no lo pasaríamos mejor. Servir a Dios y al demonio es una difícil tarea y sin embargo ineludible. La determinación del yo es repartir la casa. Encierra al ello en el sótano y al superyo en el desván. Acto seguido contrata a dos policías que sitúa en ambas puertas para asegurarse de que no saldrán de ninguna manera para incidir en sus tareas. Estos policías constituyen la censura. Uno abajo y otro arriba, sin que se vean, parece una buena solución. El yo se hace así cargo de la casa: será quien vaya a la compra, quien haga la comida, quien pague los recibos de la luz y quien se vaya a casa de su vecina a tomar un café cuando sus tareas domesticas le dejan un tiempo de relajación. El yo no realiza todas estas tareas atendiendo a sus deseos inmediatos, pero tampoco se impone a sí mismo ser un ama de casa perfecta, hace lo que buenamente puede. Por ejemplo a veces con el dinero de que dispone no puede comprar el último modelo de frigorífico o cambiar el suelo de la cocina, tampoco puede estar siempre en casa de su vecina y amiga tomando café por muy agradable que esto sea. El yo se rige por el principio de realidad. No renuncia a todos los deseos que el ello le grita mientras aporrea la puerta del sótano, pero tampoco tiene más consideración de las exigencias de perfección que el superyo le reclama mientras aporrea la puerta del desván. El yo selecciona algunos de los deseos que el ello le propone y trata de conseguirlos de una forma admisible y prudente. Las exigencias del superyo le merecen la misma consideración. No obstante, a veces el ello convence al yo para que éste realice uno de sus deseos, el yo entonces recibe una solemne bronca del superyo que le hace sentirse culpable. Otras veces la autoridad del superyo tiene más poder sobre el yo que su propio criterio de realidad. Se aplastan así muchos de sus deseos aceptables, como tomar el café con la vecina. El resultado es entonces la frustración. El yo se ve obligado a estar siempre en guardia y mantener el debido equilibrio, pues las consecuencias de sus debilidades se traducen en culpa o frustración. La tarea del ama de casa es evidentemente muy difícil. El yo es el representante de la casa para todas las tares externas, es el cabeza de familia y el ama de casa conjuntamente. El yo es pues de naturaleza cosciente. El ello y el superyo aunque están en la casa están encerrados sin poder salir a la calle. Son de naturaleza inconsciente


.

3.LA FORMACIÓN DE LA MENTE

En psicología se suele distinguir entre temperamento, carácter y personalidad. El temperamento es innato. Son las tendencias e inclinaciones en relación a nuestros deseos y actitudes que tendremos durante toda nuestra vida. El carácter se va formando durante nuestra existencia. Puede modificar para bien o para mal nuestro temperamento que sin embargo siempre estará en nuestro interior presto a manifestarse si nuestro carácter u otro factor no lo impide. La suma de temperamento y carácter constituye la personalidad. Cuando nacemos nos viene dado el temperamento, pero no la personalidad. Freud elaboró una teoría que pretende explicar la formación de la personalidad del individuo. Veámosla. La mente se puede entender, como ya dijimos, como una casa o habitáculo donde se pueden distinguir diversos espacios. Espacios cerrados y herméticos, el sótano o el desván, que constituyen el inconsciente, y espacios abiertos y con salida al exterior, el salón, el pasillo, el patio, etc., que constituyen el cosciente. Al nacer nos viene dada esta instancia o habitáculo que denominamos mente, pero no nos viene dado con todos los inquilinos que inevitablemente la habitarán. El proceso por el cual estos inquilinos se van alojando en la casa y el mismo proceso de formación de estos inquilinos no es más que la formación de la personalidad. Este proceso se está realizando durante toda la vida, pero Freud considera que existen momentos críticos y especialmente importantes a los que debemos atender especialmente. Estos momentos se sitúan en nuestra infancia. Fundamentalmente de lo que nos ocurra hasta cumplir los seis años de edad depende gran parte de nuestra personalidad. Aunque todos estamos abocados a alojar en nuestra mente un niño mal criado, un cura moralista y un yo en continua tensión presionando ambas puertas. No todos tendremos el mismo niño ni el mismo cura. La relación entre el niño y el cura siempre va a ser tensa, pero existen posibilidades de que esta tensión disminuya y la vida psíquica sea más llevadera. Que el niño llegue a ser más o menos caprichoso y travieso o que el cura llegue a ser más o menos liberal o tolerante depende de como se resuelvan las diversas etapas psíquicas que inevitablemente tenemos que pasar hasta los seis años. Nuestra casa puede ser un cielo o un infierno, aunque lo normal es que sea un lugar más o menos agradable que a veces parece un infierno y otras un cielo. Freud consideraba que lo que definía a la personalidad humana es el conflicto y este nunca se podrá eliminar totalmente.

La primera fase en la formación de la personalidad se produce durante los dos primeros años de edad. El primer inquilino en habitar la casa es el ello. En realidad el ello estaba en la casa ya cuando nos dieron las llaves. Así pues el ello ocupa toda la casa a sus anchas y junto con él sus deseos. El deseo más importante y fundamental para Freud es el deseo sexual o libido. La libido o deseo sexual no es exclusivamente genital. Freud lo entiende en un sentido mucho más amplio. Es todo placer derivado de lo corporal, todo placer unido a una parte del cuerpo. La libido no siempre se organiza en el mismo órgano o zona del cuerpo. En esta primera fase la libido se organiza o se centra en la boca y labios. Este es el motivo por el que Freud denomina a esta fase como fase oral. El niño busca el placer succionando o chupeteando. Es evidente según Freud que el niño cuando mama no sólo satisface su hambre sino que recibe un grato placer en lengua y labios debido al roce de la mama. Para el niño el mundo es algo que se chupa e instintivamente todo es llevado a la boca en una primaria inspección de reconocimiento. Cuando el conflicto que supone esta primera fase no se resuelve debidamente pueden aparecer diversos trastornos o hábitos como el fumar que nos proporciona un cierto placer similar al chupeteo del bebé.

La segunda fase se produce en el periodo que va desde los dos a los tres años. La libido se organiza ahora en el ano y la función excretora. Se denomina por ello la fase anal. El niño ofrece la caca a la madre como un regalo cuando ésta se lo pide cariñosamente o como un proyectil cuando le recrimina por su descontrol. Si esta etapa no es resuelta debidamente suelen aparecer trastornos en el control de la función excretora. Es evidente para la medicina el caso de adultos que se orinan en la cama sin ninguna causa fisiológica clara. Para Freud esto siempre está unido a trastornos afectivos derivados de una fase anal no resuelta.

La tercera fase es la más determinante para la personalidad y se produce en el periodo de tiempo que va de los tres a los seis años. La libido se organiza en la zona genital . Se denomina por ello fase fálica. En este periodo se produce lo que Freud denomina complejo de Edipo:

a) En un primer momento el niño desea sexualmente a su madre y manifiesta una cierta agresividad hacia el padre quien es considerado como un rival.

b) El niño genera miedo al padre al que reconoce más poderoso que él y poseyendo lo que el quiere. El castigo temido es la castración lo que supondría una grave merma a su identidad.

c) El padre prohibitivo y acusador se introduce ahora en la mente del niño constituyendo el superyo en su aspecto castigador. No se teme ahora al padre sino al superyo que actúa como un acusador interior provocando el sentimiento de culpa en el niño.

d) El niño renuncia al fin a la madre en su aspecto sexual y se adhiere a ella en un aspecto exclusivamente maternal. A la vez la agresión al padre se convierte en cierta admiración y en un querer identificarse con él. Se introduce así en la mente del niño el otro aspecto relevante del superyo; el aspecto modélico. El conflicto se resuelve de forma satisfactoria si los dos aspectos del superyo están equilibrados y aun el aspecto modélico es más significativo que el castigador. A un modelo se le imita porque se le quiere y a un castigador se le obedece porque se le teme. Que nuestra vida psíquica esté regidas por un superyo inquisidor o tolerante equivale a que esté regida por el miedo o por el amor.

Freud considera la fase fálica considerando la evolución psíquica de un hombre. El complejo que sufre una mujer es similar al de Edipo pero el deseo se concreta en el padre. Se denomina entonces complejo de Electra. El proceso que se desarrolla no es exactamente simétrico al que nosotros hemos expuesto. No lo explicaremos en este lugar por estar desechado por la mayoría de psicólogos en la actualidad, pero adelantamos que es más enrevesado que el complejo de Edipo. La niña al descubrir sus genitales interpreta que ha sido castrada por su deseo sexual inadmisible.

Los factores que entran en juego en las tres fases de la formación de la personalidad son fundamentalmente tres: La relación con nuestros padres, la educación que recibimos y la cultura a la que pertenecemos. Es sabido que la cultura anglosajona y su educación institucionalizada insiste más en el aspecto prohibitivo sobre el modélico. Un individuo criado en tal ambiente, si sólo consideramos este factor, desarrollará un superyo más intolerante que otro mediterráneo por ejemplo. Si el padre es especialmente intolerante, autoritario o cruel el superyo adquirirá este aspecto. Un padre excesivamente blando y un sistema educacional especialmente tolerante pueden crear en el peor de los casos un superyo débil y un ello poderoso. El niño mimado y consentido puede llegar a ser un perverso amoral de adulto.



4.REPRESIÓN Y DEFENSA

A veces el superyo considera que algunas experiencias, deseos o pensamientos son indecorosos, repulsivos o desagradables. Entonces da la orden al yo para expulsarlo de la conciencia. Lo que está expulsado de esta manera de la conciencia no sólo está olvidado, está reprimido. El contenido reprimido en el inconsciente, en el sótano de la casa, intenta continuamente abrir la puerta para colarse. A veces lo hace, pero en forma disfrazada para que la policía represiva que está en la puerta o censura no le reconozca. De esta forma domina nuestra conducta aun sin nosotros saberlo. Estos disfraces son como un salvoconducto que podemos enseñar a cualquier policía que nos lo pida. Freud los llamó mecanismos de defensa del yo.

A veces sustituimos una palabra por otra. A veces olvidamos una palabra al hablar o al escribir u olvidamos un objeto. Otras veces cometemos accidentes sospechosos como tirar el café a los pantalones nuevos del jefe. Tal vez el deseo inconsciente de venganza dirige nuestros actos. El yo justifica estos actos apelando al error o accidente. Estas conductas se denominan actos fallidos.

A veces los motivos últimos por los que hacemos algo son demasiado embarazosos para el yo. Recibimos una orden de cerrar la ventana al oír una palmada en estado de hipnosis. Cuando salimos del estado hipnótico y oímos la palmada automáticamente cerramos la ventana. Cuando preguntamos al individuo el porqué de su acción reflexiona durante un instante y se justifica diciendo que hacía frío. Esta forma de defensa en la que el yo elabora una teoría coherente y más o menos lógica para justificar su acto se denomina racionalización.

A veces nuestra vida es dominada de una forma excesiva por una pasión que el superyo no podría admitir: dinero, sexo, etc. La justificación del yo es poner este defecto en los demás; los tacaños u obsesos sexuales son los otros nunca uno mismo, la culpa la tienen siempre los otros o la mala suerte. Denominamos este mecanismo proyección.

El niño de doce años que desea tener los mimos de su hermanito de dos años. Este deseo no es admitido por el yo y es reprimido. No obstante el niño, de forma inconsciente, empieza a hablar como su hermano o a mostrarse enfermo para captar la atención perdida. Denominamos este mecanismo regresión.


5.LA NEUROSIS

5.1.CAUSAS Y SINTOMATOLOGÍA GENERAL

Cuando un contenido inconsciente lucha por hacerse cosciente sin conseguirlo se crea, como hemos visto, una conducta irracional que Freud valora de forma médica como el síntoma patológico de un trastorno psíquico. Los actos fallidos, las proyecciones o las racionalizaciones eran considerados como pequeñas neurosis, aunque no se consideraban, si se dan aisladas, como enfermedades en un sentido pleno.

A veces algunas personas tienen experiencias especialmente duras de asimilar bien por la dureza de la propia experiencia o bien por las exigencias de un superyo estricto. A estas experiencias Freud las llamó traumas que quiere decir herida en griego. A veces la experiencia traumática es totalmente imaginada por el individuo, lo que nos hace pensar que el factor fundamental en el desarrollo de una neurosis no es tanto la experiencia en sí sino la predisposición del sujeto a padecer o desarrollar la enfermedad. En cualquier caso el sujeto sepulta esta experiencia, real o imaginada, en su subconsciente y se establece una represión absoluta sobre ella. El contenido inconsciente lucha por salir a la conciencia. Esta tensión aflora en forma de enfermedad psíquica llamada neurosis donde además de las conductas irracionales antes citadas se reconocen una sintomatología somática y emocional determinada. A nivel emocional el síntoma más representativo es la angustia. El individuo padece crisis de angustia donde se muestra aterrorizado, temeroso, etc., de una forma excesiva e irracional; siente que algo malo va a ocurrir o que inevitablemente se producirá su propia muerte. Cuando el neurótico se acerca “peligrosamente” a desvelar el trauma causante de su enfermedad, la angustia se acrecienta y puede provocar dos reacciones limites denominadas reacciones primitivas: perder la conciencia o mostrar un ataque convulsivo del tipo epiléptico. Estas dos reacciones se deben entender como una defensa inconsciente al conocimiento del trauma. Muchas especies poseen estos mecanismos de hacerse el muerto o de convulsionarse, tempestad de movimientos, cuando en una situación de peligro no pueden ganar la batalla ni huir. La angustia suele ir acompañada de insomnio, pesadillas reiteradas, sudores, respiración acelerada, falta de concentración en el trabajo, fatiga, irritabilidad y depresión. A nivel somático pueden aparecer temblores, mareos, sudoraciones, náuseas y, en casos extremos, cegueras, sorderas o parálisis de algún miembro del cuerpo como brazos o piernas. El neurótico es cosciente de su enfermedad, de que algo le pasa, aunque se niega a admitirlo de forma explícita. Esta es la razón por la que siempre parecen preocupados.

5.2.TIPOS DE NEUROSIS

aHisteria o neurosis de conversión. Lo peculiar de este tipo de neurosis es que el individuo que la padece además de mostrar síntomas generales de toda neurosis aparecen trastornos somáticos de muy variada índole: parálisis de miembros, sorderas, cegueras, etc.

Antes del psicoanálisis la histeria se consideraba una enfermedad provocada por razones fisiológicas propia sólo de las mujeres. La palabra histeria remite etimológicamente a la inflamación del útero. Freud, junto con otros investigadores contemporáneos suyos, descubrió la causa mental de la enfermedad. A la vez que se descifraba el “enigma” de la histeria Freud fue elaborando toda su teoría psicoanalítica. El neurótico logra, a un nivel inconsciente, provocar efectos somáticos. Convierte los síntomas mentales o emocionales en físicos y es por ello que se denomina en la actualidad neurosis de conversión. El primer caso de histeria tratado por Freud es el caso de una muchacha llamada por Freud Anna O (un seudónimo para mantenerla en el anonimato)

Los síntomas de conversión del neurótico pueden clasificarse en dos grandes grupos:

- Tempestad de movimientos. El individuo padece ataques aparentemente iguales a los epilépticos, pero mucho más teatrales. El ataque epiléptico surge de súbito, sin necesidad de testigos, dura segundos o minutos, se pierde la conciencia y el individuo puede autolesionarse (morderse la lengua o herirse en la caída). El ataque histérico suele desencadenarse por disgusto o contrariedad, en presencia de alguien a quien inconscientemente se desea impresionar, el tiempo de duración es indefinido, a veces acaba en llanto cansino tras horas de actividad, no se pierde totalmente la conciencia (el individuo oye y emite señas, pero no habla) y no hay una verdadera autolesión (no hay mordeduras graves ni golpes en la caída, pues la mayoría de las veces cae en sofá o en cama).

- Parálisis o atrofias. El individuo puede convertir la emoción neurótica en parálisis total (catalepsia) o parcial, solo en algunos de los miembros del cuerpo. O bien puede atrofiar la visión o audición total o parcialmente.

El histérico no muestra preocupación o desesperación por la tara física que padece sino tranquilidad de ánimo y resignación optimista. Esta actitud entendida como síntoma de la enfermedad se ha dado en llamar la bella indiferencia (término acuñado por Pierre Janet la belle indifférence). Esta indiferencia tiene su explicación pues al histérico sus síntomas le sirven para algo o le protegen de algo. En cierto sentido le son útiles, le “compensan” y no puede lamentarlos en exceso: un conferenciante que teme hablar en público muestra una afonía; un atleta padece la parálisis de un pie ante una carrera crucial que puede cuestionar su prestigio., puesto que oiremos inevitablemente ciertas cosas que no deseamos y no soportamos oír, nos quedamos sordos, etc. A veces el síntoma de conversión nos proporciona tantas ganancias actuales que es el principal obstáculo para la curación.

El histérico puede mostrar igualmente crisis de ausencia donde pierde la memoria y puede marcharse del lugar donde se encuentra. Al cabo del tiempo recobra la conciencia y no sabe por qué está en aquel lugar. A veces se pueden desarrollar verdaderos desdoblamientos de personalidad o personalidades múltiples.

b) De angustia. Se trata de una angustia sin causa concreta. Se sufren súbitamente unos ataques provocados por un terrible pánico o por la sensación de que algo desastroso va a ocurrir. El factor desencadenante de estas crisis, si lo hay, no está determinado y el individuo puede desarrollarla en cualquier momento o situación.

Todos padecemos en alguna situación o ante algún suceso de nuestra vida una cierta angustia que expresa nuestro temor a la muerte o a perder el control. Solo cuando estos temores son recurrentes, excesivos, desproporcionados, sin causa aparente y agotadores para el sujeto se puede hablar de una neurosis de angustia.

c) Fóbicas. Se tiene un temor excesivo e injustificado a un determinado objeto o situación. Pueden ser variados: a las tormentas, a la sangre, a la oscuridad, a la soledad, a los lugares cerrados, a los lugares abiertos como desiertos o alta mar, etc. La crisis de angustia aparece por tanto solo frente a determinados objetos o situaciones. Los objetos que desencadenan la crisis son símbolos o contenidos disfrazados, al igual que ocurre en los sueños, de otras cosas que en si justificarían la reacción de miedo.

En toda cultura, tiempo y lugar los hombres desarrollan algunas fobias irracionales. De pequeños solemos tener miedo a la oscuridad o a la soledad; muchos tienen miedo a las culebras, a las arañas, al número trece, a abrir el paraguas en casa así como otras pequeñas supersticiones cotidianas que todos conocemos. Estos miedos no constituyen neurosis fóbicas si no tiene la fuerza suficiente para absorber nuestra energía vital:

d) Obsesivo-compulsivas. La obsesión es un pensamiento insistente, que no se puede desechar y que atormenta constantemente, pese a que el enfermo sabe que no tiene fundamento. La compulsión es un impulso intenso, apremiante a realizar un determinado acto o una sucesión de ellos (ritual neurótico), contrario a los deseos y tendencias naturales del sujeto, quien se resiste a realizarlo por considerarlo absurdo, pero que tiene que ejecutarlo, pues en caso contrario aparece una angustia intensa, que sólo cede con la realización del acto compulsivo. Es como una orden que siente surgir dentro de sí mismo y que ha de obedecer pese a considerarla absurda, patológica y perjudicial. Obsesiones y compulsiones se imbrican de tal modo en estos enfermos que, aunque predominen una u otra según el caso, constituyen un mismo tipo de neurosis.

Las obsesiones y las compulsiones aparecen en cierta medida en los individuos normales sin constituir enfermedad. Son más frecuentes en la infancia. Los niños tienen compulsiones a pisar las rayas del pavimento, a dar golpes a todos los postes de la luz, a canturrear horas el mismo estribillo, etc. En los adultos aparecen ocasionalmente en la mente frases que resisten durante horas y días todos los esfuerzos del individuo por apartarlas de su pensamiento. Igualmente trozos musicales, estribillos que reaparecen en tono obsesivo. Uno de los caracteres más frecuentes de la obsesión es el carácter de duda. En individuo normales aparecen en variada intensidad dudas obsesivas del tipo de escrúpulos religiosos (duda de si he pecado, si he realizado bien la confesión, etc.); duda de si cerró bien los grifos, si apagó la luz o el gas. Aunque sabemos que dejamos los grifos cerrados, en ocasiones es tan intensa la duda que volvemos al cuarto de baño para cerrarlos. Igualmente aparecen compulsiones a dejar las cosas en un orden determinado: los cajones cerrados, el modo determinado en que deben quedar los zapatos en el suelo, etc. El obsesivocompulsivo muestra una exageración en estos rasgos. Los casos intensos suponen un verdadero martirio para el enfermo, que queda totalmente inutilizado para la vida normal. Ejemplos: tiene que lavarse las manos 200 ó 300 veces al día. Tiene que realizar un completo ceremonial antes de ponerse cada prenda de ropa, que se quita y pone siete veces antes de pasar a la prenda siguiente, y si se le interrumpe o distrae ha de empezar de nuevo.

e) Depresiva. Todos nos sentimos tristes o decaídos ante la presencia de una gran desgracia como la pérdida de un ser querido. Cuando la intensidad de la reacción es desproporcionada al efecto y se estabiliza en la mente se puede hablar de depresión neurótica. El neurótico no está triste por esto o aquello sino que es triste. La tristeza pasa a ser el rasgo fundamental de su personalidad.


6.MÉTODOS CURATIVOS

Freud trató continuamente con personas neuróticas y comprobó que la curación se producía cuando el contenido inconsciente se hacía cosciente. El sujeto entonces podía afrontar y asumir el problema y la neurosis desaparecía. El terapeuta tenía que ingeniárselas para abrir un poco la puerta del subconsciente del individuo y así hacer que el sujeto afrontase el problema de forma consciente. Freud ensayó con varios métodos diferentes para realizar esta tarea. Veámoslos:

6.1.LA HIPNOSIS

Freud en sus estudios de medicina y en sus primeras investigaciones había seguido las explicaciones de la biología mecanicista (escuela de Helmholtz), que defendía que los procesos psíquicos han de explicarse únicamente mediante fuerzas materiales físicas o psíquicas precisables cuantitativamente. Para curar enfermedades mentales dicha escuela sólo admitía los procedimientos de tipo físico como la electroterapia, medicamentos (calmantes sobre todo), hidroterapia (curar por el agua) o modificar la conducta por reprimendas o castigos. Freud se convenció muy pronto de la ineficacia de este tipo de métodos y se interesó por buscarles una alternativa. En 1882 Freud empezó a trabajar en el Hospital General de Viena. En ese mismo año su amigo Joseph Breuer, medico famoso, le informa del tratamiento aplicado a una enferma de histeria (Anna O). Esta paciente presentaba una gran variedad de síntomas: parálisis de la pierna y del brazo derechos, perturbaciones en los movimientos oculares y alteraciones de la visión, repugnancia ante los alimentos, imposibilidad de tomar líquidos durante varias semanas, confusión mental, incapacidad para entender y hablar su lengua materna (alemán), aunque se expresaba bien en inglés, etc. Breuer en el curso del tratamiento aplicado a Anna O empleó la hipnosis y dejó que la paciente expresara verbalmente ideas relacionadas con sus síntomas. Todos los síntomas hacían referencia a acontecimientos que la habían traumatizado cuando siendo niña tuvo que cuidar a su padre enfermo, que murió tras una larga y penosa dolencia. Breuer comprobó que con posteridad a este tipo de sesiones hipnóticas, y durante cierto tiempo, la paciente volvía al estado psíquico normal y desaparecían todos los síntomas de la enfermedad. No obstante, y una vez despierta, la paciente era incapaz de recordar los acontecimientos que la habían traumatizado. Breuer y Freud llamaron al procedimiento seguido “método catártico” (catharsis significa limpieza, aquí en el sentido de limpieza del alma). Para hipnotizar a un individuo hacían que este concentrara su atención en un objeto brillante situado no demasiado lejos de sus ojos y un poco alto, hasta que éste se sintiese cansado, dándole a continuación la orden de dormirse; convencido de esto era suficiente con pasarle la mano por encima de los ojos para que el individuo se durmiera. La autosugestión se convertía así en un elemento importante para conseguir un sueño profundo. Para perfeccionar su método Freud recibió en 1885 una beca para ir a estudiar a París con Charcot; este era muy conocido por sus investigaciones sobre la histeria y por la utilización de la hipnosis en la realización de estas investigaciones; Charcot hipnotizaba al enfermo y conseguía suprimir los síntomas histéricos o rescatarlos. Con la idea de perfeccionar la técnica hipnótica Freud se trasladó a Nancy (Francia), en 1889. Allí conoció las prácticas de sugestión hipnótica realizadas por Bernheim; éste hipnotizaba a los sujetos, les daba una orden que debía ser ejecutada cuando despertasen y éstos la efectuaban, aunque ignorando porqué lo hacían, como si actuaran al margen de su conciencia y voluntad. Charcot y Bernheim le hicieron ver a Freud la estrecha relación que existe entre histeria, sugestión e hipnosis. Las enfermas de histeria presentaban, acentuado hasta lo patológico, un rasgo que se da en todo sujeto: la capacidad de atender a cierto sector del comportamiento y olvidar todo lo demás; en la histeria la escisión entre lo atendido y lo no consciente es tan grande que el individuo puede realizar simultáneamente acciones que proceden de ambos niveles, como si se hubiera dividido en dos personas distintas. Comparando el comportamiento de la persona histérica con la que actúa bajo los efectos de la hipnosis vemos como valiéndose de esta última podemos introducir una impresión o sensación en el individuo sin que él lo advierta. Es más, al igual que la persona histérica actúa movida por algo de lo que no es consciente, el sueño hipnótico también hace pasar al individuo a un “segundo estado” en el que vive y obra de acuerdo con los deseos del hipnotizador, con la particularidad de que al despertarse no recuerda nada de lo ocurrido en aquella situación excepcional; pero de nuevo con ella al repetirse la hipnosis. Especialmente sorprendente es la sugestión poshipnótica en la que los individuos cumplían puntualmente las órdenes recibidas en su “segundo estado”. ¿Ocurría lo mismo con los enfermos histéricos que parecían actuar bajo determinadas órdenes desconocidas para ellos?

Estas primeras investigaciones de Freud desembocaron en la elaboración de su teoría psicológica y la admisión de la hipnosis como método terapéutico. Pero a partir de 1892 Freud abandona la hipnosis por presentar tres grandes inconvenientes:

a) Imposibilidad de hipnotizar a ciertos pacientes.

b) Las curaciones conseguidas mediante la hipnosis eran poco duraderas, pues la hipnosis no llegaba a la raíz o causa última de la enfermedad.

c) Existían serias dificultades para que ciertos pacientes reconocieran como propio lo que habían afirmado bajo los efectos de la hipnosis. El paciente pues admitía su trauma a través de un acto de fe en el médico que se lo comunicaba. Este acto de fe implicaba una cierta autosugestión debido a la unión afectiva que el paciente había desarrollado con su terapeuta. Este proceso por el cual el paciente se “enamora” de su terapeuta se denomina trasferencia. La curación no era real, pues la neurosis aparecía de nuevo cuando la relación sentimental entre paciente y terapeuta desaparecía.

6.2.LA ASOCIACIÓN LIBRE

Freud sabía bien cómo Bernheim podía obligar a que los individuos, una vez despiertos, recordasen lo que había sucedido cuando estaban bajo los efectos de la hipnosis. De ahí dedujo que igualmente se podía forzar al paciente, sin necesidad de hipnotizarlo, a traer a la conciencia los acontecimientos traumáticos y aparentemente olvidados. Freud se limitaba a recomendar a los enfermos que le visitaban que adoptasen una postura cómoda sobre un diván mientras él se situaba fuera del alcance de su visión. Se trataba de establecer un dialogo entre dos personas dueñas de sí, de igual a igual. Freud pedía al paciente que le comunicara todo lo que de forma espontánea acudiera a su mente, aunque lo juzgara trivial o impertinente, incoherente o vergonzoso. De esta manera obtenía abundante material de sugerencias acerca de lo “olvidado” por el enfermo. Más concretamente, ese material no aportaba propiamente los elementos olvidados, pero si tan claras alusiones a ellos que el psicoanalista podía reconstruirlos con el auxilio de ciertos complementos (los sueños, actos fallidos). Al aplicar su método Freud descubre que los pacientes muestran una resistencia sistemática a hablar de los hechos que les han traumatizado; esta resistencia hacía suponer que estos elementos habían sufrido una represión por parte de otras fuerzas anímicas. Sólo a consecuencia de esta represión se habían vuelto patológicos. Freud vio como era preciso vencer esa resistencia para curar a los pacientes.

La asociación libre también se puede realizar pidiendo al paciente que nos comunique lo que le sugieren algunas palabras que el terapeuta emite. El paciente nos dará pistas de su trauma en sus discursos. Cuando el paciente muestra una cierta incomodidad o rechazo en el proceso es la señal de que nos acercamos de forma definitiva al contenido inconsciente reprimido.

6.3.INTERPRETACIÓN DE LOS SUEÑOS

Otra forma de llevar a la luz el contenido inconsciente reprimido es analizando los sueños. Freud considera que el sueño expresa un contenido inconsciente, pero disfrazado. La tarea del terapeuta es entonces descifrar el significado oculto de los sueños para evidenciar el contenido inconsciente que guarda.

Para Freud los sueños tienen como función biológica facilitar el descanso de la persona y evitar la interrupción del dormir, de ahí que defina el sueño como un trozo de fantasía puesto al servicio de la conservación del reposo. A ello hay que añadir que la mejor manera de lograr el reposo es dar cumplimiento a los deseos, mediante imágenes que los realicen y satisfagan. De ahí que Freud nos diga que el sueño es una realización de deseos. El deseo inconsciente puede ser eros o tanatos y por tanto puede estar regido por el placer creativo o por el placer destructivo. En este último caso estará presente la angustia. Al analizar los sueños podemos distinguir un contenido manifiesto, el sueño tal como lo recordamos, y un contenido latente que corresponde a los profundos deseos que provocan y determinan el sueño. Teniendo en cuenta la relación entre contenido latente y contenido manifiesto Freud habla de varios tipos de sueños:

a) Sueños infantiles (también se pueden dar en los adultos). En estos sueños el contenido latente (deseos) coincide totalmente con el manifiesto, en cuanto el sueño realiza sin rodeos el deseo o la intención del soñante. Estos sueños son “simples y francas realizaciones de deseos”. En estos sueños no interviene ningún tipo de censura para disfrazar los deseos. Son sueños totalmente inteligibles y poseen un sentido. En la mayoría de las ocasiones estos sueños se limitan a dar cumplimiento a los deseos no realizados la víspera.

b) Sueños de adultos. En ellos no coincide el contenido latente con el manifiesto y pueden ser de dos tipos: aquellos que poseen coherencia y un claro sentido, pero que nos causa extrañeza y desconcierto por no saber incluir dicho sentido en nuestra vida psíquica. Por ejemplo, soñar que se le hace daño a una persona querida. Estos sueños necesitan una interpretación para determinar cuál es el contenido latente que los está provocando; los sueños que carecen de sentido y nos resultan totalmente incomprensibles. Son sueños incoherentes y en ellos todo está embrollado. Son realizaciones disfrazadas de deseos reprimidos. Estos deseos reprimidos no pueden surgir clara y sinceramente a la conciencia, de lo contrario suscitarían tal excitación y trastorno que imposibilitarían que pudiésemos dormir. Para evitar esto se produce una elaboración o trabajo del sueño, consistente en deformar las representaciones del sueño que encarnan la satisfacción de los deseos reprimidos para que de esta manera la censura permita que los deseos reprimidos se puedan satisfacer y el sujeto continúe durmiendo. Existen también sueños que representan un deseo reprimido sin disfraz, provocando la intervención de la censura para impedirlos y generando el insomnio.


7.PSICOANALISIS Y CULTURA

El psicoanálisis es, como hemos visto, una concepción del hombre y por ende de la psique humana. También es un método de curación de enfermedades mentales. Pero el psicoanálisis es además de esto una interpretación de la cultura, una nueva forma de ver el mundo.

Freud define la cultura como “la suma de producciones y de instituciones que distancian nuestra vida de nuestros antecesores animales y que sirve a dos fines: proteger al hombre de la naturaleza y regular las relaciones de los hombres entre sí”. Según esto la cultura es un producto que se compone de conocimientos técnicos y de normas de convivencia. Estas últimas son especialmente necesarias si se tiene en cuenta que el hombre tiene ciertas agresividad innata (thanatos o instinto de muerte y destrucción). Por eso una civilización sin normas de comportamiento sería inviable. Los individuos no tiene más remedio que someter sus instintos a la represión que imponen las normas colectivas. El instinto más duramente reprimido es el instinto sexual. Esta represión genera sufrimiento. No obstante, es inevitable pues no hay cultura sin represión. El contenido reprimido, presente como una energía acumulada, es sublimado (trasformado , elevado o espiritualizado) produciendo la Cultura. Por eso Freud piensa que toda cultura es, en cierto sentido, neurótica. Ninguna cultura puede escapar totalmente a este problema, pero si puede mitigarlo suprimiendo todas aquellas represiones excesivas o gratuitas. Freud escribió un libro al respecto con un título muy significativo: El malestar en la cultura.

También Freud nos da una interpretación del fenómeno religioso. Dios no es más que el superyo social proyectado fuera de nosotros. La imagen del padre colectivizada y expulsada al exterior.

El psicoanálisis da asimismo una interpretación peculiar del fenómeno artístico. Desde muy antiguo se conoce en el fenómeno artístico un fenómeno llamado “inspiración”. La inspiración resulta como una especie de estado de gracia en el cual el artista logra ver con claridad cosas o imágenes que parecen venirle de fuera. ¿Qué es la inspiración para Freud? Freud considera que la inspiración es solamente la apertura momentánea y excepcional de la puerta del inconsciente. Esta apertura a veces se produce por drogas o en estados acusados de cansancio. Freud estudió estos estados inspirados en niños agotados que comenzaban de repente a elaborar discursos sorprendentes en un estado casi hipnótico o de trance. La censura entonces está distraída. La inspiración no agota todo proceso artístico. Es sólo el primer momento. Existe luego el acto de creación propiamente dicho. ¿Cómo entiende Freud este acto? El inconsciente nos aporta un sin fin de imágenes desordenadas. La razón consciente tiene que dar un poco de orden a este caos y sobre todo establecer una selección. Es la razón consciente la que determina que contenido inconsciente es especialmente interesante para plasmarlo en arte. El proceso creador es pues un equilibrio entre lo inconsciente y la conciencia. Hay que tener especial cuidado porque si la razón interviene demasiado puede paralizar el acto de creación. Un gran bailarín que quisiera controlar en cada momento de una forma consciente todos sus movimientos dejaría de bailar. Pero un bailarín que se abandonara totalmente al inconsciente sólo se movería de una forma caótica sin expresar arte. La danza, como la música de jazz, son ejemplos adecuados de este difícil equilibrio. La improvisación, cuando se da adecuadamente, puede ser el arte supremo.

En 1920 muchos artistas europeos asumieron la interpretación de Freud y decidieron ahondar en ella con la práctica. En 1924 André Bretón publicó su manifiesto surrealista ( surrealismo es una palabra francesa que indica sobrerrealismo). En él señaló que el arte verdadero debe brotar del inconsciente y el artista debe poner especial empeño en burlar a la censura. Los surrealistas consideraban que todos, en circunstancias especiales, somos artistas. Los sueños son elaboraciones inconscientes de pequeñas películas, por ejemplo. El artista surrealista sólo pretende continuar este sueño en su propio arte. Para ello se utilizaban métodos diversos como la escritura automática. El arte surrealista nos muestra siempre una obra inquietante que se mueve entre sueños y absurdos.

PREGUNTAS:

1/ ¿En qué consiste la pulsión del Eros y en qué dos deseos/instintos se concreta?

2/¿Por qué Freud afirma que el yo es un esclavo que tiene que servir a tres amos?

3/ ¿En qué consiste el complejo de Edipo y a qué edad se desarrolla?

4/¿Qué es un trauma?

5/¿Cuáles son los síntomas propios de la histeria según Freud?

6/ Cita los tipos de neurosis que conoces.

7/¿Cuándo se inicia la "curación" de una neurosis?

8/¿Qué procedimientos utiliza el psicoanalista para acceder al inconsciente del paciente?


martes, 20 de septiembre de 2022

TEMA1. INTRODUCCIÓN A LA PSICOLOGÍA

 

1.LA PSICOLOGÍA ANTIGUA

2.EL NUEVO PLANTEAMIENTO DE LA PSICOLOGÍA MODERNA

3.EL OBJETO DE LA PSICOLOGÍA Y LAS CORRIENTES PSICOLÓGICAS

3.1.LA PSICOLOGÍA MENTALISTA

3.2.LA PSICOLOGÍA CONDUCTISTA

3.3.LA NEUROCIENCIA

4. PSICOLOGÍA Y TERAPIA.

5. PSICOLOGÍA Y CIENCIA.

6. LAS RAMAS DE LA PSICOLOGÍA.


1.LA PSICOLOGÍA ANTIGUA

Desde la Grecia clásica hasta el siglo XVIII, la Psicología era una disciplina que dependía directamente del tronco de la Filosofía. La Psicología no era otra cosa que el estudio de la psique, ánima o alma humana. Aristóteles, San Agustín y el propio Descartes admitían la existencia del alma humana y especulaban de una forma más o menos imaginativa, y tal vez sin demasiado rigor, sobre su naturaleza y localización. Así, unos decían que era de naturaleza triple (Platón o Aristóteles), otros unitaria (Descartes), algunos afirmaban que se localizaba en el corazón (Aristóteles) otros en el cerebro (Descartes), unos afirmaban que era mortal, otros inmortal. En cualquier caso la Psicología era la especulación filosófica que cada pensador hacía sobre un objeto misterioso que se denominaba alma.

Muchas veces los filósofos son criticados porque parece que sus especulaciones son del todo gratuitas, partos intelectuales desligados de cualquier experiencia. La mayoría de las veces esta crítica no está justificada. Platón especula a partir de sus propias experiencias internas en torno al alma, similares a las de cada uno de nosotros. Veamos cual es la naturaleza de esta especulación introspectiva. A veces nuestro interior, nuestra mente o alma, muestra algunas tensiones o contradicciones. Pasamos por una pastelería y queremos y no queremos comernos un pastel. Vemos fumar a un amigo y deseamos y no deseamos fumar. Fumar es malo, pero aporta placer. Se produce una especie de lucha interna. De este conflicto Platón deduce una cosa: el alma no es unitaria. Para que exista conflicto deben existir al menos dos partes en liza. Profundizando en esta experiencia ¿qué podemos concluir? Yo sé que fumar me perjudica, tengo los conocimientos básicos para saber que el tabaco es malo para mi salud, es por ello que siempre que me dispongo a fumar me lo pienso dos veces. No obstante tengo una inclinación, un deseo muy poderoso de fumar en determinados momentos. A veces, si mi voluntad es lo suficientemente fuerte, se pone al servicio de mi razón y no fumo, venzo y someto de esta manera mi deseo de fumar. Otras veces, si mi voluntad es débil, el deseo vence y se impone a las consideraciones racionales, a mi propósito de no fumar. Si mi razón alcanza un conocimiento aceptable sobre los males del tabaco y fuese muy reflexiva a la hora de fumar; si mi voluntad fuese siempre fuerte y esta fortaleza fuese utilizada por mi razón para hacer cumplir sus propósitos venciendo siempre mis inclinaciones o deseos insanos, entonces resultaría un cierto equilibrio interior que me haría la vida más llevadera, me haría un poco más feliz. Esto es lo que nos viene a decir Platón con otras palabras.

Para Platón el hombre está constituido por dos partes: cuerpo y alma. El alma a su vez se divide en tres partes funcionales (no materiales): una parte racional, otra irascible (voluntad) y otra concupiscible (instinto). Cada parte del alma tiene una función propia. La parte racional tiene la función propia de la sabiduría, la prudencia y el gobierno de las otras dos partes. La parte irascible tiene la función propia de la fuerza y la sumisión a la parte racional y la parte concupiscible tiene la función propia de la templanza o moderación en la expresión de sus deseos y la sumisión a la parte racional. Cuando cada parte del alma cumple su función propia alcanza así su virtud. Cuando las tres partes cumplen su función propia se produce, entonces, la virtud más importante: la justicia. Gobierno sabio y prudente de la parte racional; fortaleza y sumisión de la parte irascible y templanza y sumisión de la parte concupiscible constituyen las tres virtudes esenciales del alma. Cuando se dan a la vez se produce, como dijimos, la justicia o armonía entre ellas.

La teoría de las tres partes del alma la expone Platón en el mito del carro alado, en el dialogo Fedro. Compara el alma con un carro alado regido por un cochero o auriga y llevado por dos caballos: uno bueno, dócil, y otro malo y rebelde. Para que el carro avance y vuele (alcance la felicidad), es necesario que el cochero (parte racional) pueda dominar a los dos caballos diferentes y con distintas tendencias. Uno es bueno, fuerte, bello, blanco y dócil (parte irascible) y el otro es malo, horrible, negro y rebelde (parte concupiscible):

mito del carro alado partes del alma virtudes

Cochero

p.racional

Sabiduría

caballo bueno

p.irascible

fuerza

caballo malo

p.concupiscible

Templanza



Resaltamos una pequeña coincidencia. La estructura del alma en Platón se asemeja en gran medida a la estructura de la mente humana que Freud plantea más de veinte siglos después:


Superyo

Razón-Parte racional

Yo

Voluntad-Parte irascible

Ello

Instinto-Parte concupiscible


También Aristóteles especula con el alma humana. Para Aristóteles existen tres almas, cada una responsable de distintas actividades. El alma vegetativa, encargada de los procesos inconscientes y mecánicos como a respiración o los latidos del corazón, el alma sensitiva en virtud de la cual somos sensibles al dolor y al placer, que nos permite desplazarnos como los animales, y por último el alma intelectiva que hace posible el pensamiento y el lenguaje.

También las especulaciones de Aristóteles tienen cierta similitud con estudios actuales. Aunque esta vez la semejanza no es con el alma sino con la estructura y función del cerebro que plantea la neurociencia actual. Para los neurocientíficos el cerebro humano está constituido en realidad por tres: el vegetativo, el medio y la corteza. Las funciones se corresponden, groso modo con las que Aristóteles asigna a las partes del alma.


2.EL NUEVO PLANTEAMIENTO DE LA PSICOLOGÍA MODERNA

En el siglo XIX el conocimiento humano había sufrido un cambio fundamental. Existía un conocimiento que nadie cuestionaba: la ciencia fisico-matemática de Newton. Esta ciencia permitía predecir hechos y crear técnica. Se posibilitaba así una eficaz manipulación de la naturaleza y un progreso rápido y evidente. El hecho anterior generó un respeto, casi veneración, a la nueva ciencia ya consolidada. La física de Newton era un conocimiento sólido e incuestionado, pero ¿por qué?, ¿a qué se debía su solidez? Fundamentalmente a dos cosas:

a) la Física tenía un objeto de estudio bien delimitado: la materia y la energía. La materia y la energía son objetivos, se pueden medir, pesar, en definitiva cuantificar, matematizar.

b) el método de estudio era riguroso, basado en los tres momentos ya descritos por Galileo: observación, hipótesis matemáticas y experimento.

La Física se establece así como paradigma de todo conocimiento serio. Muchas ciencias (química, óptica, biología, etc.) se empiezan a desarrollar imitando a la Física y el resultado es altamente positivo. La Psicología intenta también constituirse en ciencia independiente tomando como modelo la Física.


3.LAS CORRIENTES PSICOLÓGICAS Y EL OBJETO DE LA PSICOLOGÍA

El principal problema de los psicólogos modernos fue delimitar su objeto de estudio. Todos los psicólogos admitían que el objeto de la Psicología debía ser el propio hombre individual. Así pues, la Psicología se convirtió en una especie de antropología, pero ¿qué es el hombre? La propia teoría de la evolución había puesto en evidencia que el hombre era una realidad compleja que se manifiesta en tres niveles distintos: mente, comportamiento y sistema nervioso. La evolución afirma que el proceso de hominización se dirigía a una mayor complejidad en cada uno de estos niveles. Parece ser que lo peculiar del ser humano resultaba ser la complejidad en cada uno de estos tres niveles. No obstante, los psicólogos necesitaban concretar aún más su objeto. En este punto no hubo ni hay aún acuerdo. Surgieron tres corrientes psicológicas distintas que son, en el fondo, tres reduccionismos. Se intenta reducir la realidad triple del hombre a una de ellas.

3.1.LOS PSICÓLOGOS MENTALISTAS.

Algunos psicólogos consideran que lo esencial y fundamental del hombre es su mente. El contenido de la mente son ideas, emociones, razonamientos, deseos, percepciones, sensaciones, etc. Los psicólogos mentalistas afirman además que la conducta humana y el propio cerebro son epifenómenos o consecuencias de lo esencial: la mente. Así pues, si observamos una conducta, ésta es el resultado de una cierta actividad mental (deseo, miedo, reflexión, etc.). De la misma forma si contemplamos una cierta actividad cerebral física o química será interpretada igualmente como una consecuencia de cierta actividad mental: cuando pienso se activa una parte del cerebro y cuando tengo miedo otra. El cerebro además es considerado como un soporte de la mente. El coche donde reposa el piloto (la mente) que es lo verdaderamente importante y autónomo.

Se ha acusado a los psicólogos mentalistas de reproducir el esquema de la psicología antigua y por tanto no ser, en rigor, científica. Ciertamente el objeto de estudio, la mente y sus fenómenos, se parece demasiado al alma y es problemático pues no se puede medir o pesar, no es objetivable. El método utilizado es también poco riguroso: la introspección. Se pide al sujeto que “contemple su mente” y que nos cuente su experiencia. Algunos psicólogos mentalistas intentaron introducir las matemáticas de una forma bastante forzada en el estudio de la mente humana: había que justificar a toda costa su seriedad y cientificidad.

3.2.LOS PSICÓLOGOS CONDUCTISTAS

Otros psicólogos decidieron identificar al hombre con su conducta. El razonamiento para ello era un cierto pragmatismo y hacerse más científica. La conducta humana se puede observar, es objetiva como la materia, se puede medir (el tiempo de reacción de una determinada respuesta por ejemplo) y se puede pesar (la cantidad de salivación que segrega un perro cuando observa comida). Precisamente por estas razones el método puede ser exactamente el mismo que el de la física: observación, hipótesis y experimento. Al fin la psicología podía presumir de ciencia. Los conductistas criticaron a los mentalistas precisamente por su poca seriedad. La mente no se puede observar y la introspección no es un método riguroso, es subjetivo y ambiguo. Los conductistas ignoran la mente: si no se puede medir ni observar no existe o es como si no existiera. Lo mismo hace la física con todo fenómeno espiritual de lo que se quejan los investigadores de fenómenos paranormales. El cerebro y su actividad lo ceden al ámbito de la medicina y la neurobiología.

3.3.LA NEUROCIENCIA

Ya en pleno siglo XX aparece otra forma de conocimiento que aunque no es Psicología en un sentido estricto tiene que ver directamente con la Psicología. Incluso a menudo compite con ella como una forma heterodoxa de Psicología. Es la Neurociencia, que estudia la estructura y función del cerebro y el sistema nervioso. El objeto de esta heterodoxa psicología es ahora material, tan material como el objeto de la física, y por tanto el método utilizado será absolutamente científico. De hecho el Neurocientífico es, sin reserva alguna, tan científico como el físico. La Neurociencia considera que el hombre es fundamentalmente su sistema nervioso. La conducta humana y aún todos los fenómenos mentales (pasiones, deseos, sentimientos, etc.) son efectos de las variaciones físicas o químicas de nuestro propio cerebro. Los neurocientíficos fundamentan esta idea a partir de diversas experiencias. La estimulación artificial química o eléctrica de diversas zonas del cerebro provoca sensaciones diversas (miedo, alegría, etc.) y estas sensaciones son la causa de nuestra propia conducta. Esto les lleva a elaborar la tesis siguiente: Toda conducta está provocada por una fenomenología mental y ésta a su vez por una variación física o química en el cerebro. Una persona se lanza valientemente a la batalla (conducta) porque ha tenido una sensación de euforia (mente) que a la vez ha sido producida por una variación química en una parte del cerebro (materia). Es fundamental para los neurocientíficos el conocimiento físico del cerebro y los efectos que en este producen determinadas sustancias del propio cerebro (neurotrasmisores) como sustancias ingeridas. Por esta razón el neurocientífico estudia las drogas y sus efectos.


4. PSICOLOGÍA Y CIENCIA

¿Podemos entonces considerar a la Psicología (las distintas psicologías) definitivamente como una ciencia? Sí, pero con algunas aclaraciones.

Tanto Psicología como Ciencia son palabras equívocas. Es decir, no hay una Psicología ni una Ciencia, sino varias. La ciencia Física, que es la ciencia modelo y con mayúsculas, inaugura sólo un tipo de ciencia, todas aquellas disciplinas que conocemos como ciencias naturales. Lo característico de estas ciencias ya lo hemos dicho anteriormente: método científico, matematización y predicción, básicamente. Antes de que existiesen las ciencias naturales como tales (antes del siglo XVlll), ya existían las llamadas ciencias formales: las matemáticas y la lógica. Lo propio de estas ciencias es que su objeto de estudio no es un objeto natural o material sino formal (el modo en que se elabora un razonamiento correcto a partir de un lenguaje simbólico). Las ciencias formales son un instrumento esencial para las ciencias naturales. Existe un tercer tipo de ciencias, las de más reciente nacimiento (mediados del siglo XlX), que son las llamadas ciencias humanas: Historia, Antropología, Sociología, etc. Las ciencias humanas se esfuerzan por darnos una explicación coherente de la realidad de la que tratan (siempre algo relacionado directamente con el ser humano), a partir de una interpretación minuciosa de los hechos, pero no siempre pueden utilizar el método científico de las ciencias naturales ni predecir con verdadera precisión los acontecimientos futuros.

Por lo tanto la Psicología es Ciencia, pero con matices. La neurociencia, por ejemplo, es sin discusión alguna, una ciencia natural más. Pero la Psicología conductista, aun pretendiendo ser una ciencia natural (y siéndolo a veces de hecho) es sobre todo una ciencia humana, pues la conducta humana no es del todo predecible. La Psicología de la mente es, sin ninguna ambigüedad, una ciencia humana no natural, pues su objeto de estudio, la mente, no es material o natural sino espiritual.


5. PSICOLOGÍA Y TERAPIA

Terapia es una palabra de origen griego que indica curación. A veces tendemos a confundir al psicólogo propiamente dicho (el que estudia la mente, la conducta o el propio sistema nervioso) con el psicoterapeuta o psicólogo clínico (el que cura o pretende curar los trastornos mentales y/o de conducta). Evidentemente cada corriente psicológica tiene su manera peculiar de aplicar las diversas terapias.

Para un psicólogo mentalista el hombre es su mente y, por lo tanto, cualquier disfunción mental o conductual se intentará modificar apelando a la mente del sujeto. Una terapia posible de un psicoterapeuta mentalista es la conversación introspectiva con el paciente. Si hacemos cosas raras el psicoterapeuta conductista apelará a la conducta, y si tenemos una conducta patológica intentará sanarnos con condicionamientos adecuados. El terapeuta más afín con los planteamientos neurocientíficos es el psiquiatra. El psiquiatra es un médico que se ha especializado en los trastornos mentales y en su curación a partir, fundamentalmente, de procedimientos físicos y químicos. Un psiquiatra intentará conocer cuál es la sustancia química o deformación cerebral que provoca un cierto estado mental que nos lleva a hacer ese tipo de cosas e intentará eliminar el fenómeno mental y la conducta con procedimientos químicos (una pastilla o droga) o eléctricos (electrochoque)

No obstante, el psicólogo-terapeuta verdaderamente profesional en la actualidad relativiza las tres corrientes anteriores y tiene un planteamiento más pragmático a la hora de estudiar al hombre y establecer procedimientos curativos. Intenta pues complementar las tres corrientes anteriores. Acepta que existen tipos de conductas patológicas y de estados mentales (algún tipo de depresión sobre todo) que se elimina más fácilmente con psicofármacos. En estos casos es conveniente tomar una perspectiva neurocientífica. Otros fenómenos mentales y conductas no se pueden curar satisfactoriamente con drogas. En estos casos será conveniente utilizar una perspectiva conductista o mentalista según el caso.


6. LAS DISTINTAS RAMAS DE LA PSICOLOGÍA

El psicólogo, pertenezca a una u otra corriente o escuela, puede especializarse en un aspecto de la realidad humana que conforma el objeto de su ciencia, surgen así las diversas ramas de la Psicología. Algunas de ellas son las siguientes:

Psicología evolutiva. Estudia los cambios mentales y conductuales que va experimentando un sujeto a lo largo de su vida: desde la niñez hasta la vejez.

Psicología social. Estudia los distintos comportamientos de los colectivos: jóvenes, niños, amas de casa, etc. Muy utilizada por los publicistas para saber las posibilidades de éxito de un nuevo producto lanzado al mercado. Un aspecto de la Psicología social es la Psicología industrial.

Psicología escolar o Psicopedagogía.

Psicología experimental.

Psicología clínica.

Psicología cognitiva.

LECTURAS RECOMENDADAS

-SACKS, O. (1998) El hombre que confundió a su mujer con un sombrero . Bercelona: Muchnik Editores. -DAVIS, F. (2010) La comunicación ...